La perfección de nuestra imperfección

Tengo ratos de no escribirles. Honestamente no sabía con cual tema retomar el Blog y el Día de Madre es un momento oportuno para hacerlo.

Recuerdo que desde siempre quise ser mamá (de 4 hijos) y que vinieran en un orden específico: niño primero, luego niña, ya después no me importaba con tal que estuvieran sanitos y completos.  También quise que vinieran después de 2 años de estar casada…No cambiaría mi vida por NADA del mundo. Resulta que tengo 3 hijos, todos son varones y al mes de estar casada supe que iba a ser mamá. Por lo menos conmigo, la vida no siempre me sale como me la imagino, ¡me la mejora! Rápidamente me di cuenta que mi misión era de amar y educar a estos hombres que se me han confiado para que sean personas íntegras, de bien, trabajadores, buenos esposos, padres de familia y todas las demás virtudes que todas las mamás queremos que tengan nuestros hijos. ¡Tenemos poco tiempo señoras debemos aprovechar cada instante!

En el primer momento que supe que iba a ser mamá, me temblaba todo. No podía creer que dentro de mi estaba gestándose un ser humano que me llamaría “mamá” y que dependería de mi cuido para sobrevivir. Mientras mis días se empezaban a llenar de mucho sueño, calores, antojos y muchas libras, mi suegra me hizo una pregunta a modo de reflexión y esos pensamientos estuvieron presentes todos los días de mis 3 embarazos y se renuevan cada vez que veo a una mujer embarazada: “Te das cuenta que tu no estas haciendo nada para que ese bebé se forme dentro de ti?” Honestamente, no me daba cuenta que yo no estaba haciendo absolutamente nada para que mi hijo se estuviera formando. No dependía de mí que su corazón se formara y latiera, ni que sus manos se formaran ni se movieran. Sí dependía de mí cuidarme, pero el milagro de la vida no dependía de mí. Me impresionaba demasiado…hasta el día de hoy.

Seguramente te pasó como a mí al ser primeriza. Todo da miedo, hay mucha incertidumbre de cómo cuidarás a otra persona que sale de tu cuerpo. Cada vez que se movía dentro de mí y pegaba esas patadas matadoras, pensaba que sería karateca y que seguramente pudiera quebrarme una costilla. La costilla no me lastimó, pero si me dejaba sin respiración. A pesar de la incomodidad física que todo esto suponía, no importaba porque ya no era yo la importante, sino él. Desde ese momento han pasado ya casi 14 años. ¡Cómo quisiera retroceder el tiempo!

Ese asombro no se fue con el segundo y tercer embarazo. Fue aún más al ver el amor que tenía mi hijo mayor por mi panza. Que si te pones a pensar, debe ser bien extraño que tu mamá te diga que hay “un bebé adentro de la panza de mami” (¡como si se lo hubiera comido!) y que le hable y le de besos y se emocione cuando ve y siente que se mueve…cuando en realidad, no ve a una personita, sino piel en forma de pelota. El poder verlo con mis ojos en aquel entonces y recordarlo hoy con tanto amor es lo que me ha motivado a escribirte en este día de las madres para que al estar con tus hijos, recuerdes el don inmerecido de la maternidad y como eso te ha cambiado.

La posibilidad de dar vida y asistir a Dios en el milagro al momento del parto es muy fuerte. A partir de ese momento, esa personita dependerá de ti hasta que pueda empezar a valerse por sí mismo.  Ahí, todo cambia. Nada es igual. Ya no eres la misma persona. Eso cambia desde que te das cuenta que estas embarazada y creo que seguirá igual hasta que nos muramos. Tus prioridades no son las mismas, duermes menos, las preocupaciones van en escalada, dice un sabio dicho que “niños pequeños, problemas pequeños. Niños grandes, problemas grandes”. ¡Qué tan ciertas son estas palabras!

Ser mamá no es una tarea fácil, no estamos llamadas a ser perfectas. Habrán días cuando en la mañana te sientes que puedes con todo y al atardecer sentirás que no puedes contigo ni con tus hijos. Al día siguiente te levantas y se te ha olvidado el día anterior y vas para adelante, trabajando siempre por lograr que tus hijos sean la mejor versión de ellos mismos. A veces lo harás bien otras no tan bien, porque tu también estás trabajando por ser esa mejor versión de ti misma para dar lo mejor.

No te desanimes por más que te invadan sentimientos de impotencia, cansancio, angustia, preocupaciones o inclusive de rechazo porque no se dan cuenta de lo que tu haces por ellos. El objetivo es que ellos encuentren su camino aunque tu seas invisible. Llegará ese momento de agradecimiento cuando ellos sean padres de familia.

Para mientras date cuenta que todo lo que estás haciendo, lo haces bien porque sale de tu corazón que lo único que quiere es amar a tus hijos y educarlos para que estén listos para volar solos. Ese motor se despertó cuando esa personita que estaba dentro de ti, sin saberlo, te motivó a querer ser mejor tú para darle lo mejor a él o ella. En eso está la perfección de nuestra imperfección.

¡Feliz día de la Madre!

2 comentarios en “La perfección de nuestra imperfección”

  1. Muchas gracias por todas y cada una de tus palabras. Todo sale de tu corazón y por eso creo yo despierta muchos sentimientos al leerlo. Todo lo que describes es tan real y nos pasa a cada mamá!!!

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